jueves, 1 de enero de 2009

La dominación de Juan…

Recibí una carta procedente de una editorial, era la respuesta a uno de mis anuncios en la revista de contactos íntimos.

Un hombre se interesaba por mis fotos y en especial un tanga mojado con mi orina.

Tras un intercambio de correspondencia, le envié lo que me pidió contra reembolso y todo quedó solucionado.

Un día recibí en mi apartado de correos un paquete certificado.

Era de este muchacho, en el interior había unos pendientes y una gargantilla de oro.

En la nota que acompañaba al envío, me suplicaba que lo tomara a mi servicio para castigarle y humillarle, hasta su total sumisión, y administrarle una sesión de lluvia dorada... Y me mandaba este regalo como presente.

Vista su buena voluntad, decidí atender a su súplica y le cité para una sesión, con instrucciones precisas y muy completas de como debía proceder.






Mi ayudante se reunió con él en la habitación de un hotel y al encontrarse en ella los dos, mi ayudante procedió con el ceremonial, pactado de antemano.

Una vez totalmente desnudo “Juan” le ató las manos a la espalda, le cubrió los ojos con una venda y le puso un collar de perro con una cadena, pues el trato era que no me vería ni me tocaría.

Llegados a este punto, mi ayudante, me llamó al móvil, comunicándome que podía presentarme en la habitación, tal y como habíamos acordado.

Cuando me abrió la puerta y entré me encontré con Juan así, desnudo, atadas las manos a la espalda y con los ojos tapados.

“Hola perro ¿estas dispuesto a disfrutar, con tu pequeño premio?”
“Si mi ama, gracias mi ama”

Inspeccione el material que Juan había traído siguiendo mis instrucciones.

Encontré una fusta de cuero negro, un plug o tapón anal, unas pinzas metálicas, para los pezones, varios trozos de cuerda, un tubo de vaselina y unas cuantas velas.

Tras dar mi aprobación al material, me quité la gabardina y el vestido, me cambié de ropa interior.

Me puse un conjunto de brillante vinilo negro, compuesto de un tanga y un corsé, con los pechos al aire, unas botas de tacón fino por encima de la rodilla y un antifaz.

Cogí uno de los trozos de cuerda y procedí a atar los genitales de Juan, por debajo de los testículos y alrededor de ellos y de su pene, dejando todo el conjunto sin riego y sin posibilidad de eyacular, até los extremos a sus tobillos dejándole las piernas arqueadas para que tirasen de sus genitales, y también dejé un bucle para estirar yo de ellos.

Durante esta operación soltó unos quejidos y le advertí...

“Sólo quiero oír tu voz, para darme las gracias”
“Si mi ama, gracias mi ama”
“Si se te levanta, te golpearé con la fusta. No deberás eyacular sin mi permiso”
“Si mi ama”

A continuación procedí a colocarle las pinzas en sus pezones, cuidándome de apretarlas al máximo, lo que él me agradeció de nuevo.

Inclinándole sobre la cama le unté el ano con vaselina y le introduje el plug de un golpe, y como pensé, se le puso la polla dura y levantada, cogí la fusta y empecé a golpeársela, suavemente al principio, aumentando la intensidad del castigo poco a poco y distribuyendo los golpes por los testículos, nalgas y pezones, lejos de bajarle la erección, le aumentó poniéndosele de un color amoratado, mientras suspiraba y murmuraba su agradecimiento.

Tras unos minutos de aplicarle el castigo con la fusta, y tirando de su pelo, le restregué la cara por mis senos, y él aprovechó para dar unos lengüetazos a mis pezones, totalmente duros de excitación, me tendí en la cama y tirando de la cadena de su collar acerque su boca a mi sexo, no hizo falta decirle lo que debía hacer, comenzó a lamerlo con ansia.

En esta posición tan propicia, mi ayudante la saco el plug del culo e introdujo en su lugar su polla, de un sólo empujón, comenzando un rítmico mete-saca que yo notaba en mi propio sexo, mientras Juan lamía mi clítoris, ayudándome a llegar al orgasmo.

Entonces saco la polla de su culo y arrodillándole frente a él, se la introdujo en la boca. Juan lejos de rehusar, comenzó a chupársela goloso y hambriento… succionado… lamiendo… metiéndola y sacándola hasta la eyaculación.

No se la sacó, le sujetó por las orejas y le salió parte de esperma por las comisuras, así estuvieron un rato, quietos.

Inesperadamente mi ayudante comenzó a orinar directamente en su boca, introduciéndole su polla hasta la garganta, Juan incapaz de tragar todo el caudal de orina, dejó escapar una buena parte, chorreándole la cara y el pecho, entre toses y arcadas.

Le obligué a levantar, tirando del bucle de cuerda que colgaba de su polla, entre gemidos y lamentos, lo que “recompense” con otra sesión de fusta.

Tirando de la cadena del collar le tendí en el suelo boca arriba y cogiendo una vela encendida, comencé a derramar la cera liquida sobre su cuerpo, cuidándome de acertar en las zonas más sensibles, Juan recibía esta caliente lluvia de cera, con retortijones y quejidos, no sabiendo donde iba a caer la próxima gota, mientras clavaba mis tacones de aguja en su pecho, polla, tripa, etc. y ponía la suela de mi bota sobre su boca para que la lamiera, cosa que hacia con sumo gusto.

Acuclillándome sobre su cara, descargué mi orina, procurando acertar en su boca, que Juan mantenía totalmente abierta y se esforzaba por tragar toda la que podía.

Volví a levantarle tirando de la cuerda que ataba su polla y huevos.

Y diciéndole “Escucha perro, ahora podrás correrte” mientras le desataba sus atributos, no me dio tiempo a retirar la cuerda del todo, con espasmos, entre unos tremendos jadeos, y con respiración entrecortada, Juan soltó una enorme cantidad de semen, se le doblaron las piernas cayendo al suelo y golpeando con su cabeza mis pies.

Todas las palabras que salían de su boca, eran de agradecimiento y promesas de sumisión eterna, le dejamos en esta posición mientras me duchaba y vestía.

Me marché y mi ayudante se quedó encargado de desatarle, quitarle la venda de los ojos, y las pinzas de los pezones.

Le acompañó a la ducha, hasta que se recuperó del todo, entonces se marcho dejándole vistiéndose.

A la semana de esta sesión, recibí otro paquete que contenía una pulsera a juego con los pendientes y la gargantilla, y una larga nota de agradecimiento.

Esta sesión se repite en ocasiones, a intervalos irregulares, y Juan está encantado con las variantes que aplico...Y yo estoy encantada, con los regalos de Juan.

Besos a todos y todas.
Dama Rubia